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El discurso vital: pensar/actuar

En todo discurso humano –en cada ruta vital- coexisten tres lenguajes.
  • El primero es interno, imaginario. Es el lenguaje que sin palabras nos da la seguridad de lo que sentimos, de lo que queremos; utiliza signos y símbolos propios, creados con el bagaje de nuestras experiencias personales, sin el concurso directo del otro.
    Da por sabido muchos hechos y los relaciona, dejando tantas lagunas como sea necesario para mantener la coherencia interna.
  • El segundo, es el habla: Es el idioma/lenguaje que utilizamos para comunicar-nos con el otro. Este “otro” nos escucha i nos responde, es el dialogo.
    En el dialogo, el emisor y el receptor intercambian simultáneamente información. Uno habla y el otro con sus expresiones faciales, su comportamiento postural, su mirada y los vocablos orienta al primero del acuerdo/desacuerdo, del grado de comprensión y de la intención de complicidad. En definitiva, nos informa de si lo que decimos se ajusta a la realidad compartida.
    Este lenguaje, necesita de palabras concretas, su simbología es compartida y no es tan maleable ni tan sólo para uno mismo. En el encontramos la causa de los malentendidos.
    La simple expresión de los pensamientos y su exposición a los demás, nos orienta sobre la coherencia de nuestros deseos con el entorno.
    Esta simultaneidad entre interlocutores, nos ayuda a remodelar nuestro discurso, a re inventar, cambiar o acallar nuestro discurso y con el nuestros deseos.
  • Por último, el lenguaje escrito. Lo que los demás han comprendido, interpretado y por el cual actuaran en consecuencia.
    El resultado de estos tres lenguajes es la base de toda acción.
    Este sistema de comunicación es el que hace posible la socialización y con ella la vida en comunidad. Lo que entendemos por nuestra vida.
    Si hacemos un examen con lupa, podremos encontrar dificultades mil, imperfecciones que no sirven para el análisis de algunas conductas o para tareas tecnológicas o científicas. Pero para la mayoría de las situaciones de la vida cotidiana es efectivo y es el que utilizamos.
    Cuando nuestras acciones no concuerdan con nuestro discurso interno, cuando pasa lo inesperado, nos preguntamos en que hemos fracasado.
    Y muchas veces buscamos las respuestas fuera de nosotros mismos: nos han engañado, no nos entendieron, hubo un malentendido, fue “el otro” el culpable.
    Mi propuesta es la de ayudar a encontrar/hacer conscientes las diferencias entre estos tres lenguajes y cómo podemos equilibrar la dinámica de cada planteamiento concreto, para aprender de cada situación y resolver las dificultades para seguir el rumbo personal.
    A veces, la dificultad pasa por hacernos entender en lo que queremos de ellos, -para eso, trabajaremos cómo crear un diálogo claro, para que surjan las necesarias complicidades para la acción.
    Otras veces, tendremos que adaptar nuestro discurso interno a la realidad exterior. Pues no siempre, lo que queremos es lo mejor que nos puede pasar, y tenemos que aceptar que nuestros deseos tienen que cuidar el entorno para cumplir con nuestras necesidades vitales.
    Y cuando las condiciones exteriores cambian bruscamente, tendremos que encontrar recursos emocionales para hacer frente a los cambios de nuestro discurso interno y adaptarnos a la nueva situación. Reinventarnos para seguir y realizarnos plenamente en una nueva etapa de nuestra vida.
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